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La Facultad de Bellas Artes

XIX En los años que estuve en la facultad de Sevilla, a finales de los 80, existía una continua disputa entre los alumnos sobre la elección de un lenguaje abstracto y el más puro realismo. A medida que avanzaban los cursos, entendíamos que entre el blanco y el negro existe una gama de grises: la elección no era tan drástica, y con suavidad, cada uno iba construyendo su propio idioma plástico. La Historia del Arte posee su particular “ley del péndulo”: lo nuevo nace y lo antiguo lo tacha de reaccionario, lo nuevo se va imponiendo hasta superar a lo antiguo y desde su pedestal se venga de lo antiguo tachándolo de trasnochado. Pero lo nuevo olvida que el tiempo lo transformará en el siguiente antiguo. ¡Qué estúpidas me resultan las luchas entre abstracción y figuración! ¿Por qué hay que encerrar la Pintura en moldes? Que cada uno se exprese libremente como quiera; eso sí, pero que luego el artista, que ha hecho uso de su libertad de expresión, no pretenda arrancarle la libre opinión al e...

Llegar a este punto

Llegar a este punto, tiene cierto mérito, porque yo mismo al releer me doy cuenta de lo que cansan, en ciertos momentos, este tipo de escritos. No me gustan los ensayos, lo reconozco, pero algo parecido es lo que me ha salido. Por ahora, ya basta. Ahora te contaré algo de lo que hice en mi último curso de la Carrera… Desde hacía tres años, creo, existían unas becas que ofrecía la Universidad de Sevilla para estudiar en otras Universidades europeas. Era la beca Erasmus, que, en aquel momento, no eran económicamente tan exiguas como después. Me encantó la idea de viajar a otro país y conocer lo que se hacía en las facultades de allí. Descarté Alemania, por el idioma, Italia, porque ya había estado y me concentré en Inglaterra: de ahí escogí la más al sur por el clima y la más próxima a la capital, a Londres; después de todo este proceso, la facultad ganadora fue: ¡Winchester! Sí…, tenía fuerza, era un nombre de rifle, de lejano Oeste, de catedral gótica. Pero para que te diesen la beca e...

Un estudio propio

XVII Procuraba trabajar en un estudio propio, apartado de mi casa, desde que estuve en el 2º curso de la Carrera. Es algo que siempre he tenido claro: por tu propia salud mental y física. El hecho de separar los dos ambientes —el del trabajo y el del hogar— te obliga a ajustarte a un horario de “entrada y salida” con el lógico orden que esto aporta a la jornada: los artistas necesitamos regular los hábitos de vida, creo que más que los demás, por nuestra tendencia a dejarnos absorber por la tarea de una manera obsesiva. A veces ocurre que cuando trabajas, los parámetros tiempo-espacio desaparecen. Antes me refería a cuidar la salud mental y física, no sólo porque el caos vital puede conducirte a obsesiones si no te separas de tu obra, sino porque ya tienes bastante con el tiempo de trabajo en el estudio, como para seguir sometido a los vapores del aguarrás en tu propia casa. Algunos colegas defienden la idea romántica de trabajar cuando venga la inspiración, y su vida es la anarquía. T...

Es verano

XVI Es verano. Estoy en la playa a primera hora. Aún no han bajado las sombrillas, ni las neveras, ni los olores a bronceador de coco. Ha sido una noche calurosa. Me acerco al mar; me dejo hipnotizar por la línea del horizonte. Sí, ya sé que no es una línea, aunque lo parezca; que son dos colores superpuestos. La brisa fresca hace flamear la camiseta, que me queda un poco ancha. No me muevo. Si acaso, me balanceo con el viento. Cierro los ojos. Me asombro de la constancia de esta brisa que en ningún momento flaquea. La tenacidad, la perseverancia, es esto.

El examen de ingreso

XV Aprobé el examen de ingreso y me fui a pasar un día de excursión a la playa con unos amigos. Se me ocurrió que podíamos ir donde mi familia y yo solíamos pasar las vacaciones algunos años atrás. Después de comer, ya había bajado la marea y me acerqué a las rocas que el mar, en su retirada, había dejado al descubierto. En una pequeña charca, los camarones, esas gambas en miniatura, aprovechaban para investigar en la quietud de las aguas. Me asomé e instintivamente metí la mano para atrapar alguno. En el delicado proceso de la captura, Miguel —un amigo que estaba terminando la carrera de Medicina— se puso a mi lado. La operación no era nada fácil pues requería la técnica del acorralamiento escalonado: subes lentamente la mano desde el fondo hacia la superficie y todo esto sin que se dé cuenta la presunta víctima. Llevábamos un buen rato cuando alcé la cara hacia donde se encontraba Miguel. Nuestras miradas se cruzaron un instante y, en ese momento, pude comprobar que no dirigía sus oj...

La mejor música

XIV La mejor música que he escuchado jamás se la debo al mirlo de las seis de la mañana, cuando abro la ventana del cuarto de baño mientras me afeito. Es el heraldo de otra primavera. Ese mirlo es un solista que cuenta, en la madrugada, con el auditorio más silencioso y los espectadores más atentos. Y él lo sabe. Por eso canta así.

Dejé atrás el Bachillerato

Dejé atrás el Bachillerato y me lancé a estudiar la carrera de Bellas Artes. Ahora que echo una mirada hacía atrás, no sé si fue una elección de gran audacia o de insensatez en estado puro. En otra época, si uno quería ser pintor, asistía de aprendiz al estudio de un profesional curtido que poco a poco te transmitía sus experiencias, su oficio. Lo que hice yo y generaciones de alumnos no tenía sentido: existía demasiada ruptura entre el Bachillerato y la carrera de Bellas Artes. Para poder estudiar en la Facultad, era necesario aprobar un examen de ingreso. Consistía en un dibujo a carboncillo de una estatua clásica de cuerpo entero y una prueba de modelado en barro. Para el ejercicio de dibujo debías saber que existían unas normas de ejecución concretas porque si no, lo llevabas claro; sobre todo eran cuestiones de proporción y composición. En una vista previa, lo que más tenían en cuenta los examinadores era que el dibujo tuviera las mismas distancias entre los márgenes del papel. E...