Los pinceles




Los pinceles nunca se tiran. Los pinceles son como los elfos: son inmortales, pero pueden morir si alguien les mata. A un pincel viejo lo que más le jode es que se le utilice para remover un bote de pintura, eso les mata. Ningún pintor se compadece ya de él y acaba en el cubo de la basura. Pero si esto no ocurre, un pincel viejo puede estar observando desde su cubilete durante años sin ser molestado. En cierto modo es como el homenaje del pintor por sus servicios prestados. También esta la duda, ¿Servirán sus tres pelos para una pincelada sutil?¿Y si sus pelos abiertos son capaces de crear una pincelada rota?
Para mí cada pincel es un misterio. Son como los seres humanos. Tienen sus edades, sus momentos de esplendor, sus cambios de ánimos, sus enfados, enfermedades, algunos son vanidosos, otros humildes y callados, los hay serenos, nerviosos, dominantes, impactantes, tristes, orgullosos, tímidos, cínicos, falsos, generosos, decepcionantes o sorprendentes e inesperados. Los hay fríos y precisos, anárquicos e ingobernables, en fin, abarcan todos los actos y formas de ser del comportamiento humano.
Un pincel nuevo no tiene por qué ser mejor que un veterano. Los pinceles se educan. Me puedes decir que en realidad es el artista el que aprende a conocerlo, pero no es así; un pincel se domestica. (continuará)

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